martes, 22 de septiembre de 2009

Tokio, miradas

Este vídeo de Joan Jiménez ya ha salido en todas partes, así que no creo que os resulte nuevo. Yo lo vi por primera vez en Fogonazos. No os lo pongo aquí porque quiero que lo veáis en YouTube (manías mías). Se trata de una sucesión de preciosas fotografías en movimiento de Tokio. Me encanta cómo la música les confiere una entidad casi argumental.

Nunca he estado en Japón, aunque a veces lo he creído por un momento (una de esas veces se llama Lost in Translation). Inevitablemente, esto condiciona todo lo que voy a decir a continuación.

Inmediatamente me vino a la cabeza la reciente película Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet. Las comparaciones son siempre odiosas, pero esta es además improcedente: pretender confrontar una película con un vídeo de cinco minutos es absurdo (simplemente por la abismal separación de formato y género), en especial si es para defender la superioridad incondicional del segundo. Pero este contraste es significativo, pues ilustra de forma ejemplar dos formas opuestas de acercamiento a una cultura ajena, a saber: el turisteo y la inmersión.

Supongo que debería ser más preciso. Esperpénticamente, por turisteo me refiero a la actitud que hay detrás de pensamientos como «Oh, mira qué gracioso, los japoneses tienen correas para perros que incluyen un pequeño paraguas para el animal», frente a algo del estilo «El asfalto mojado refleja los faros de los coches, como lo haría en cualquier otra parte del mundo, y, aún así, el modo en que este asfalto devuelve la luz de este faro es único y hace inconfundible a esta ciudad». El turisteo se queda en lo anecdótico (y encuentra filones en lo chocante), mientras que la inmersión permea las diferencias en busca de su esencia.

No voy a arremeter aquí contra el turisteo; todos hemos sido turistas, y desde luego yo no me salvo. Sin embargo, no es lo que esperaba de una película con un título tan bello, tan sugerente, y, ¿por qué no decirlo?, tan pretencioso (y, a posteriori, tan inapropiado) como Mapa de los sonidos de Tokio.

La obra de Joan Jiménez, en cambio, se presenta bajo un título anodino, si bien viene apoyada por la siguiente reflexión:

La realidad es el contraste entre lo que tenemos dentro y lo que existe fuera. Os invito a un viaje compartido a Tokyo donde yo pongo los ojos y la música y cada uno de vosotros las sensaciones...

Confieso que la primera vez que leí estas palabras me parecieron una trivialidad. Sólo después de de una segunda lectura me di cuenta de que lo que transmitían no era ninguna estupidez. A propósito, el uso explícito de la segunda persona nos recuerda que, al fin y al cabo, todo es cuestión de opiniones.

jueves, 20 de agosto de 2009

Simplicidad, simplicidad, simplicidad

A veces no se trata de apabullar, sino que basta con tocar una sola nota. El problema es saber qué tecla pulsar.

viernes, 14 de agosto de 2009

«(...) quiénes somos y qué es el mundo»

En cada uno de los lados de un cuadrado hay tantos puntos como en el cuadrado completo.

Enunciar verdades matemáticas profundas utilizando lenguaje de andar por casa es siempre mentir un poco, pero esta clase de mentira tiene mucho de piadoso en la mayor parte de los casos. Este es sin duda uno de ellos. La idea es, obviamente, genial, y se la debemos a Georg Cantor (aunque ignoro si fue él el primero en enunciarla así).

En una flor cabe tanta belleza como en todo el universo.

viernes, 17 de julio de 2009

La paradoja del diccionario

El otro día antes de irme a la cama me invadió una preocupación asfixiante. Por lo general, si uno busca una palabra en el diccionario es porque desconoce su significado, o al menos alberga ciertas dudas sobre el mismo. Todo el mundo sabe lo que significan las palabras de uso frecuente, así que parece evidente que las palabras que uno necesita consultar son las menos utilizadas. ¡Pero si una palabra es demasiado infrecuente, entonces su entrada es eliminada del diccionario! ¡Oh, pervertida lógica!

La cosa no acaba ahí, es todavía peor, porque las palabras más usadas tienen asegurada su permanecia en el diccionario, y ocupan buena parte de él, a pesar de que nadie buscará jamás su significado. ¿No es triste?

Ya, pienso demasiado...

miércoles, 10 de junio de 2009

Ajuste de cuentas

Esto ya lo publiqué hace tiempo en otra parte, pero es demasiado goloso como para resistirse... (Vale, estoy de exámenes, no puedo perder tiempo escribiendo las originalísimas y trepidantes entradas a las que os tengo acostumbrados... ¿Os? Genial, ya hablo solo... ^^u). En fin, al grano:

El Guión es absurdo e inconexo, y sus líneas se entretejen de manera enrevesada. Es un trabajo demasiado fino para ser atribuido al intelecto humano, aunque quizás una horda de chimpancés aporreando teclados podría producir un resultado semejante en un tiempo razonable. Especialmente si están bebidos.

Qué gran verdad... (Y ahora, si me lo permitís, voy a escribir unas palabras totalmente vacías de contenido para que esta línea no quede tan perdida)

jueves, 28 de mayo de 2009

Una abeja

Un buen día, más bien, una buena tarde —una tarde espléndida— estás en tu cuarto —acabas de llegar a casa— y, por el rabillo del ojo, entrevés un pequeño bulto negro en la alfombra, que se te antoja un insecto muerto, no sabrías muy bien decir por qué —realmente lo es—.

Vuelves la cabeza, «no creo», piensas, y entonces todo se para un instante, mientras miras fijamente la abeja que yace patas arriba en el suelo. No tienes ni idea de cómo ha llegado hasta ahí, ni aciertas a imaginar por qué de todas las casas, de todos los cuartos, de todas las alfombras, ha ido a acabar precisamente en la tuya, pero te parece que el momento posee una vaga trascendencia, incluso una cierta solemnidad, que quizá no esté en la abeja, ni en la situación —de acuerdo—, pero qué importa.

Tienes que estudiar, claro —es lo que toca—, y por unos segundos crees que vas a hacerlo.

No.

No puedes dejar que todo quede ahí. Porque de algún modo oscuro, percibes que has rozado la Eternidad —sí, aunque en alguna de sus más recónditas acepciones—. Es algo inaprensible, pero sientes que puedes perseguirlo. Y por una vez, estás dispuesto a hacerlo

Una abeja

Procedentes de todos los confines del mundo,
las más asombrosas maravillas desfilaban cada día
bajo la mirada impávida del Califa,
que hacía tiempo había olvidado cómo sorprenderse.


Gracias a: Amanda, por escanear el dibujo.

martes, 5 de mayo de 2009

Big Blogger is watching you

En un intento de dar verosimilitud la Ilusión de Control, he instalado Google Analytics en el blog. Ya sabréis a lo que me refiero, a esa herramienta de Google (¡Oh, Gran Oráculo de Internet!) que recopila información sobre sobre el tráfico de usuarios en tus páginas para elaborar estadísticas que satisfagan (o no) los egos hipertrofiados de los blogueros (vale, también sirve para que los esforzados programadores web mejoren los servicios que ofrecen, pero, ¿a quién le importa?). En fin, resumiendo:

¡BAILAD, MARIONETAS, BAILAD!

Ah, cómo me gusta esa frase...

En realidad, cuando un poco más arriba escribía «he instalado», estaba siendo algo eufémico. Lleva más de una semana funcionando... con sorprendentes resultados. Yo creía que esto era una especie de club selecto (léase «un blog dejado de la mano de Dios»), protegido del mundanal ruido... vamos, que me leían cuatro gatos... y no: son treinta. Esas son las visitas que he recibido en los diez últimos días, y lo cierto es que me intriga. Me tranquilizaría pensar que se trata de personas erráticas y ociosas que acaban en este blog tras realizar búsquedas más o menos arbitrarias de palabras como fálico, Hécate o pulpo violeta. Pero no. El omnisciente Google Analytics afirma sin ningún pudor que sólo una de las visitas proviene de un motor de búsqueda (y, por si os lo preguntabais, no buscó ninguna de las sugerentes palabras anteriores). ¿De dónde sale toda esa gente? Misterio...

En cualquier caso, superado el recelo inicial, los lectores siempre son bienvenidos. Si a estas alturas aún queda alguno, le animo a que grite en la oscuridad cómo llegó hasta aquí. Por desgracia, Google Analytics no lee el pensamiento... todavía...